El habitante mediocre no creía en las consecuencias.

"Obviaba con un leve desdén cada advertencia. Así fue creciendo llamado a ser un lider mundial. El emperador de los mediocres en el reino de la normalidad incoherente." (Exodo 3, 10)


La trapecista que quería que la invitaran a bailar


Me quedé mirando y me miró. No hizo nada más, solo observarme. Situado en una baldosa de medio metro cuadrado, con su culo apretado. Parecía un tipo vulgar apoyado en un punto de la ciudad. Igual que hay hombres que salen de alcantarillas con linternas en la frente, hay otros que sujetan lugares, que con su presencia los hacen visibles.
Yo con mi llanto a la mitad y él mirándome con desprecio, como si jamás hubiera cedido a la debilidad de la pena, la cercanía , la intensidad, la facilidad de adquirirla. Como si nunca hubiera deseado instalarse en ella y dejarse llevar. Quedarse en ella a habitar y así olvidarse del esfuerzo de reír, del agotamiento de soñar.

Me sorbí el llanto y mientras bajaba por mi garganta pensé que quizás hoy merecía que me amaran, en cierto momento, en cualquier lugar, que me invitarán a dejarme querer, de esa manera o bajo esos modales que desde hace un tiempo yo atribuyo al amor. Quizás no merecía mecerme sobre el pensamiento insólito, de que mis soledades no son más que autoafligidos síntomas de algo mayor.
Un miedo inabarcable a sentir el mínimo roce sincero y que esta sensación se convierta en el pasajero de mis adicciones, dibujando de antemano un camino sinuoso y espeso hacia la perdida de la razón, asociada a la compañía del habitante cuerdo que me vigila desde la baldosa, enfrentado a mi.
Con el cuerpo atorado, los pies cansados de guardar el espacio, los hombros caidos de la dureza del duelo constante, del enfrentamiento con el viento, con la invasión y los ataques a su espacio vital, ese que protege con recelo. Mirando con desdén a los que sollozamos a su alrededor.

Allí me situé ante su ciudad. Me quedé mirando y me miró...

* laura Makabresku

Es como encontrar una bota vacía en medio de un descampado.

¿Acaso su dueño siguió vagando con un solo pie calzado?
¿Hasta donde puede llegar un hombre medio calzado?.
Si su cuerpo se destartalará por el desequilibrio, desestabilizando su desgraciada existencia.

Conclusión rapida : Los zapatos de suela desgastada, jamás podrán desandar el camino que nos llena de desanimo.

La muerte de un pez naranja

Nadar de lado no es del todo corriente, no......ponerse con la barriga hacia arriba tampoco...no, Los peces no se dan nunca la vuelta, no se viran y se giran, no......

Cada vez que intento, que con todas mis fuerzas remo hacia esa dirección, acabo girando en círculos, no consigo llegar más allá, atravesar ese finito metacrilático que me golpea, una y otra vez, los ojos bien abiertos, perpétuamente alerta, miro y no recuerdo, has pasado y ya no estas, te has ido definitivamente de mi segundo, así vestidos de retazos desechados onduláis el agua. Que ilusa mi ilusión, hecho de material blando. Giro a la izquierda y vuelve a parecer la derecha, no hay mas que mas allás, que me engañan en un juego de transparencias que ya no me gustan, que ya no me consuelan.
Y mis párpados, perdidos, contraídos, inexistente no me dejan descansar, moriré con los ojos abiertos, sin conseguir recordar poco más que la última contracción, no habrá pasado, no habrá huellas, tampoco masas tristes que me lloren. Tres segundos más tarde volveré a preguntarme si tras esa barrera inservible habrá un algo perdurable o solo más y más olvido amontonado.
Que mi panza flote mitad fuera del agua no es normal.....no.
Tampoco es buena señal....no....no.

Las casualidades imposibles y los ilusorios deseos de una chica por encontrar la dirección de aquella estrella del rock.

De los días importantes de mi vida quedan
arañas patilargas
que me asustan y habitan bajo ese miedo
en las esquinas altas de las paredes rectas
de mi habitación
No se mueven
cuando las vuelvo a mirar ya no están
invadiendome la duda de si se habrán acercado a mi
si terminaré plagada por arañas patilargas
que me asustan

(Intente fotografiar esa araña patilarga, pero se escabulló, el domingo por la tarde apareció muerta en un rincón de la bañera, creo que el gato la mató, nunca se podrá esclarecer, el gato no es nada conciso en su testimonio)

Dedicado a titulo postumo a la araña patilarga que maceró mis emociones durante largos años de espera.

Llego el frio y comencé a usar calcetines de nuevo.


Vino de repente, sin avisar se instalo como poso estable en los talones de todos los que estaban alrededor, no volvieron a caminar con soltura, renquearon levemente encogiendose con nostalgia.

Fue como un aviso lejano, un silbido desde otra colina, el repique de un tambor que avisa la batalla, un sonido perdido en el viaje hasta el oído, exhaustos se empeñaron en reír. La transición establecid de todos, nos deja un paulatino mutismo que late por segundos inmóvil en el recodo de esa butaca.

Instalado, perpetuo te acompaña a donde no vas, te persigue de donde vuelves. Con la pregunta certera que es la inocente y la respuesta incierta del incomprendido loco de ojos sangrantes.

Que animo patético nos acompaña hoy, que sutil respuesta involuntaria a un suspiro ya caducado, y este día cenizo da una tregua, te desharan en los días soleados, se compondran en los días de brisa suave.

Hoy me abrigaré los pies, los mantendré cálidos.

Hombres morados por cegueras esquizofrénicas.

Los hombres que perdieron el aliento, se vieron sorprendidos por el oxigeno pobre, se vieron quizás demasiado advertidos y obviaron lo no asumible, pagando las consecuencias de los pies arrastrables y los contoneos pausados. Agónica respiración inútil.

Fuerzan sus bocas, las abren desesperadamente buscan lo que ya no queda, no es una lucha entre ellos solo se estiran hacia el cielo, con la esperanza de alcanzar lo puro, lo limpio, lo incoloro que ya no les rodea.

Mandíbulas desencajadas que no pueden reír, ni cantar, solo exhalar trozos pegoteados de suciedad. Malditos hijos del deshielo prematuro de las prudencias, dejando escapar así la hipótesis de futuro no hicisteis más que perder los zapatos. Apiñados todos en una montaña colosal de despersonalidades, de ausencias esta vez no provocadas, voluntarios exilios y evacuaciones de risotadas, que marcarán para siempre las posibilidades de supervivencia.


Aún empeñados en sobrevivir, sin saber a quien, sin saber con quien.

La mujer de pelo al viento




Se preguntó una y otra vez sobre aquella tarde. ¿Que es lo que había hecho? rememoró sus pasos, uno tras otro, los colocó en orden en su cabeza, los estudió, ya conocía los movimientos de su cuerpo, el brazo que quiso zafarse, la cadera surcando el aire en dirección contraria y las piernas que cedian ante lo inevitable, desde el suelo el cielo parecia realmente azul.


Volvió a su presente desconicido. Una mosca se le posó en la nariz, entorno los ojos y la intento mirar de frente. El insecto se fijó en la punta de su nariz. La sopló para intentar espantarla. No se marchó.
Miró al techo caian gotas de agua en un cubo mugriento, miró a su derecha, nada, miró a su izquierda, unas hileras de plastico ondeaban por el viento. La mosca no se movió. Comenzaba a picarle la nariz. Meneó la cabeza con furia la mosca desapareció. El cuello le crujió. ¿Cuanto puede vivir una persona sin beber?¿cuanto sin comer? ¿sin dormir? No recordaba nada de eso.
Solo un leve viento que en una ocasión, le rozó la nuca. La transportó a las tardes mirando el mar, desde aquel balcón pequeño.
En su presente desconocido cerró los ojos y escuchó a la mosca volar.


Los campos de paja y el pelo rojo de Cris















En el mundo de los ojos brillantes existe alguien que los tiene secos, ese alguien mira timidamente siempre para que nadie se percate de que sus ojos se desgastan en cada parpadeo, en el mundo de los ojos brillantes no existe el colirio, y ese alguien desesperado tiene que acudir a bajas formas para conseguir tan preciado elemento, que le exime, le salva por horas de la enfermedad de la mirada baja, de la cabeza agachada.

Y cada lágrima que sale de su ojo la guarda en un pequeño bote, en el que un día pegó un papelito amarillento, en el cual con bolígrafo azul escribió la palabra lágrima, la escribió en singular, aunque en el interior se unan años de esfuerzo, la escribió de esa manera por que al final, cada gota ahí contenida responde al mismo sufrimiento, al mismo pesar, lo cuál un día le llevó a pensar que se trataba solo de una misma lágrima partida en pequeños fragmentos que afloraban solo en los instantes mas pesadumbrosos, en los desesperados momentos de melancolía asesina, que le hacían perder la razón.

Mientras los propietarios de los ojos brillantes despreciaban las lágrimas por su abundancia, ese alguien tenia el cuidado de mantenerlas en un lugar reservado, a la temperatura adecuada y bajo llave. Ojos brillantes y claros que se inmiscuían en sus ojos oscuros, secos e irritados buscando lo extraño, entendían que había lago distinto en ellos, pero no sabían describirlo. Él bajaba la mirada y una vez más hablaba para su propia camisa, no se hacia explicar preocupado por resultar descubierto. Esquivó durante años a cada uno de los ojos claros brillantes ininteligibles que le miraron, verdes, azules, miel, grises, todos cuestionando el negro de los suyos, ¿Como algo hecho de luz puede ser tan oscuro? ¿Como algo hecho de agua puede ser del color de la tierra mas profunda?

Ese alguien se reflejaba a si mismo en sus propias pupilas y cada vez que se enfrentaba a este ejercicio producía una lágrima, una sola que dejaba rodar por su mejilla, sintiendo el abrasador paso de las impotencias. Hasta llegar a su mentón surcado, allí la recogía en su bote con papel amarillento, escrito con bolígrafo azul. Vacío después del esfuerzo catársico de enfrentarse a sus dolencias se dormía bajo el telón rojo de sus párpados y descansaba en un mundo de ojos oscuros, no inquisidores y se rendía a la libertad de ser libre entre sus iguales.

Ese alguien falleció el 22 de Abril tras una revuelta con una pandilla de ojos amarillo-azulados. No soportó más su situación y decidió quitarse la vida dejando caer sus sueños desde lo alto de un edifico. Saltó y mientras volaba miró al mundo desde arriba, y la tristeza que le supuso, le lleno los ojos de lágrimas, así, murió con los ojos brillantes y húmedos.

Listening to folk



La parte privada de mi vida se ha comenzado a entrelazar con mi  melena, que cada vez más larga se entrelaza con mis brazos, que cada  vez más endebles han dejado caer mis trenzas. Hermitaña con mi pelo kilométrico me enrosco en el caparazón. 

Un señor se me acerco esta mañana y me contó que no sabia bien a donde iba, que en algún punto de su recorrido había comenzado a caminar en sentido contrario, a las agujas del reloj, a su destino, al lugar al que quería llegar. Ciertamente estaba lejos de su punto de partida y verdaderamente lejos de su punto de llegada. Perdido en un inmenso y baldío trozo de nada.

No pude guiarle.

Me aleje de él y entre en contacto con las texturas pétreas urbanas que me invitaban a apresurarme hacia esa dirección escrita en un trozo de papel, que se iluminaba en mi bolsillo izquierdo junto a un botón extraviado. Las paredes colosales se fueron derrumbando y el terreno desértico de los espacios inhabitados se presento ante mi, había llegado al punto final de aquella ciudad, un paso más y caería a un precipicio de desvanecimientos. Miré el número de la calle, era el último de los pares. Sorprendida recapacité, miré mi trozo de papel, miré al horizonte, como se mira cuando te das cuenta de las cosas, miré hacia el cielo para contener la lágrima maremótica que se mecía en el recoveco de mi párpado y admití, por primera vez desde hacia ya un tiempo, que me habían dado una dirección inexistente y que yo sola había trazado la calle hasta ese punto, hasta donde podía imaginar, pero......... una vez en el lugar decisivo la ilusión no pudo más y borró el dibujo de mis ensoñaciones.

Borrosa la muñeca de telas viejas se volvió hacia la niña cojín, y la acusó de contarle historias tristes, de no hacerla reír. La niña cojín que miraba por la ventana, no se giro, no se inmuto. Ese día se sentía muy cojín, y no se sentía apenas niña.





Mis imperfecciones me hacen libre, mis virtudes esclava  de la busqueda de la perfección.

Sobre ver o no ver nada:

Estoy dentro de un cajón realmente confundida, aún no me explico como pude acabar aquí. Primero por que el cajón es tres veces inferior a mi tamaño normal y segundo por que siempre me dieron pánico los lugares cerrados. Reflexiono dos segundos, uno, dos, no llego a ninguna conclusión, reflexiono tres segundos, uno, dos, tres, no puedo detenerme a pensar, tampoco moverme, estoy acurrucada dentro de un cajón.

Solo me queda esperar.




Conocí un lugar donde la brisa de las sonrisas movía los hilos que sujetaban las ilusiones. Los hacían vibrar, para forzarlas a reaccionar e intentar así hacer realidad los sueños de los hombres, de los tranquilos, de los de miradas alegres y por que no, de los insensatos que persiguen vientos pasajeros, que les susurraron al oído mentiras piadosas sobre la consecución de los anhelos.

Tragar saliva y salir a caminar. Hoy me he vestido con todas las prendas que me gustan de mi armario, las he puesto unas sobre otras y así con todo lo gustoso he salido a pasear, tres cuadras después de abandonar mi portal, me he encontrado con el sol, de golpe me ha calentado y he tenido que deshacerme de varias prendas, las voy guardando en una bolsa gigante que llevo siempre conmigo, es la bolsa de los objetos esperantes, de los artilugios ilusorios, no pesa demasiado.

He buscado dentro de mi bolsa las gafas de sol, las encontré al fondo a la derecha, las saqué de la caja protectora y me percaté de que uno de los cristales se había desprendido, la angustia me superó. Entonces medité unos segundos, decidí usar las gafas para protegerme del sol, pero cerraría el ojo descubierto, para que los rayos no pudieran fulminarlo.

Para la mayoría de personas, llevar un ojo guiñado un buen rato, es agotador, pero en este sentido yo pertenezco a la siguiente evolución y puedo cerrar mis ojos indistintamente, funcionan alternativamente. 

Caminé varias calles más allá y de pronto caí en la cuenta de que ya no recordaba para que había salido de casa. ¿Iría a comprar pan de molde? ¿Iría a alguna cita a ciegas? ¿Iría a alguna fiesta salvaje en la casa más desordenada de la ciudad? Cubrí mi boca entreabierta con tres de los dedos de mi mano derecha, las uñas rojas rebosaban saturación, ante mis labios ligeramente pálidos por la impresión.

Del susto, abrí instintivamente mi ojo descubierto, quedó aplastado por la cantidad de luz, la pupila reaccionó y se cerró dolorosamente, una punzada inconsolable. Me repuse y seguí caminando, mi ojo sano me indicaba el camino, mi ojo deslumbrado,  me deleitaba con un punto rojo gigante que se vaiveneaba con mi movimiento ondulatorio. 

Desesperada paré un taxi, me subí en la parte de atrás y mientras me sacaba las gafas, le pedí al señor taxista que me llevará lejos de allí, hasta donde empiezan las calles de casas nuevas de Madrid, tan altas, que nos dan sombra.

Sobre soñar o soñar de más

video


Todas las personas sueñan de una forma diferente e irrepetible. Todas, menos yo.


Los hombres de miradas alegres

Mi deseo era publicar algo de Cortazar, pero da la casualidad que ya esta todo publicado, por duplicado, compulsado y con sello de fecha valida. Aún así tengo que añadir estas lineas:

"A un señor le cortaron la cabeza, pero como después estalló una huelga y no pudieron enterrarlo, este señor tuvo que seguir viviendo sin cabeza y arreglárselas bien o mal." (Acefalia)




A veces pienso que si repito tu nombre infinitas veces, perderá sentido, se dará la vuelta. Y al pronunciarlo al revés ya no será importante, ya no retumbará en mi cabeza. 

Otras veces pienso que si repito tu nombre infinitas veces, un susurro conseguirá llegar hasta tu oído y por varios segundos extendidos en el tiempo pensarás en mi, me iluminarás con tu recuerdo y renaceré en la memoria ilimitada del que piensa en el otro y se mira a los ojos dibujados en una pared. 

A veces pienso que si ocupas el tamaño aproximado, que necesita mi razón para ser escuchada en mi cráneo, es por que repito tu nombre infinitas veces, y comienza a sonar como el transcurso natural de mis impulsos, y entonces te prohibo, censuro mi propio consciente, le amenazo con razonamientos extremadamente conservadores, con días largos de tedios desmesurados y lecturas amargas sobre temáticas bochornosas.  Por unos instantes me obedece, se pliega  y me deja libre, pero como buen inconsciente sigilosamente se vuelve a apoderar de mi y cuando me quiero dar cuenta de entre la fina linea que separa mi labios burdeos, sale un suspiro que gira en el aire y forma una sola palabra, Tu nombre.

Y acompañada del compás arrítmico de ese sonido que me persigue, atormentada por la total perdida de control sobre mi, recuento mis suplicas y busco con la mirada ese hueco negro en la pared que me permite descansar, con mis ojos cerrados. Y Duermo, y no sueño, no recuerdo, no entristezco, y sin tristeza no envejezco, para poder seguir siendo el ancla firme de ese hombre de mirada alegre, que se retuerce dentro de mi boca, y me nubla, y me niega

Cuando vives con ventana a un patio, oyes las discusiones, pero también escuchas las carcajadas.





Contundencia


Las palabras que llenan la boca, la hacen añicos. Muelas apretadas, encías doloridas, y la palabra allí atrapada, golpeando el paladar, necesita resucitar.





Contundencia es lo que me diste, asimilé y me repuse de lo inesperado. Contundencia no era lo que necesitaba, por que buscaba ternura, pero parece que la ternura se vende cara, así que viniste a rozarme la cara con contundencia.

Y así es como deben hacerse las cosas, y así es como deben enseñarse las lecciones, y así es como deben de mostrarse los afectos.

Contundencia es lo que necesitaba, para concienciarme del valor de la caricia.

Mis más sinceros respetos al Bicho Bola y sus grandes enseñanzas de defensa.

Memory mAn



Hombre astuto, miras hacia los lados buscando amenazas, miras hacia dentro buscando compasión. Mírame a los ojos y encontraras... Ahora que he dejado de escucharte, puedo empezar a pensar. Como la sangre cuando es extraída, que gira engañada por una jerguilla, Siento el cosquilleo de las ideas, se agolpan detrás de mi oreja izquierda.




Estuve esperando varias horas, las instrucciones eran sencillas. Un hombre se acercaría a mi, me diría una palabra secreta y yo le entregaría la caja. No podía abrir la caja, no podía mirar dentro de la caja, no debía preguntar acerca de la caja, no tenia que abandonar la caja, no quería llevar entre mis manos ni un segundo más la caja.

Era un tarde desapacible de Abril. El invierno se había metido en la primavera, sin permiso de nadie. Había olvidado los guantes sobre la colcha que esta sobre mi cama, la manos se me congelaban. Sujetaba la caja un rato con una, y la otra la introducía en el bolsillo, recubierto de piel de mi abrigo tres cuartos, que compré en el rastro una tarde apacible de diciembre, que no tenía otra cosa que hacer, más que gastar dinero en el abrigo de un muerto.




De la taza de café sale una nube sencilla que se enrolla cuando soplo. Rodeo la taza con mis manos, doloridas en las falanges. No quería tomar café, pero no hay nada más en la cocina y no me apetecía agua, el agua no entra cuando esta muy fría. Soplo y no pienso. Soplo y me preocupo. Al otro extremo de la mesa esta la caja, abierta, y detrás de mi oreja izquierda la certeza de que nunca encontraré al hombre de la palabra secreta.

I see you looking, life seems too long... Pierde el tiempo solo mirándome, me deshago en tercios de mi que se esparcen a tu alrededor, para llamar tu atención. Y dividida soy tan vulnerable que no dejo de pensar, y el dolor se instala tras mi oreja izquierda. Aviso permanente. Solo te miro.





La buscadora de hombres tranquilos o el hombre calmado inasible


Si no hay una miseria inmersa en todo esto , no crearía ningún interés, en los que nos miran. La tristeza suele adueñarse de mi, cada vez más a menudo, el letargo del ala del pájaro, tirado en el suelo, toco las letras, las rozo con mis dedos, y me saben a melancolía, me recuerdan los escalones ya roídos, de la ilusión que jamás recuperé.

Y vi una vez en tus ojos, todo lo que siempre busqué, y vi en ese brillo, el color verde de mis emociones, pero no supe entender que detrás había demonios, e incluso tu, hombre tranquilo, corrías en silencio para dejarlos detrás. Y ahora las imágenes se colapsan en mis párpados, que bella palabra, el párpado cerrado no dejaba ver la lágrima que escondía, no permite a la tristeza naufragar hacia el pómulo, hacia la comisura de la boca. Y allí colapsadas, todas esas sensaciones convertidas en fotografías, que se mueven a velocidad de entendimiento, se quedan baradas, esperando el vínculo, la mano que recoga la mía y la fuerce a ser exigente, a buscar mas allá, que son maravillosas pero no encuentran conducto.

Por eso te pido, hombre tranquilo, que me mires de nuevo, que recuerdes que en una ocasión quisiste tocarme, que recuerdes lo que después olvidaste, te acerques a mi y me susurres que vayamos juntos, hacia ese lugar donde residen todos mis miedos, hacia ese hueco donde se instalan todas mis impotencias. Se que las podría hacer explotar, matarlas una a una, y sin embargo me pierdo en cariños que no conducen más que a mañanas desconocidas. Desayunos fríos, y caricias descompuestas, en pedazos de desesperación, de alivio y conformismo, por que esto es lo que hago, por que esto es lo que soy, y no puedo evitar querer que me mires y que acaricies con tu dedo índice las letras de mi nombre, y quizás si te atreves lo digas en alto y resuene como la mayor de la verdades, y se ahogue como el mayor de los silencios, contenedor de las impulsivas emociones, contenedor de las realidades no distorsionadas. Hombre tranquilo te estoy buscando, pero no estas allí donde te vi la ultima vez.

Me dicen que te estas marchando, que estas partiendo hacia los sueños compartidos, y seré yo la única que conciba la coincidencia, seré la única que sepa de las casualidades no casuales que unieron caminos desparejos, y separaron ya demasiados futuros inconexos. Y seremos paralelos, y nos saludaremos desde lo lejos. Cada uno en una linea, la mía ondulada, la mía ondulada.

Le dijo la niña cojín, después ladeo la cabeza, buscando cierta intimidad, mostrando la liberación del peso quitado. Él fuerte y rotundo como se mostraba siempre, se levanto, recogió su bolsa de viaje del suelo y salió por la puerta. Entonces la niña cojín, comprendió, una vez más, que lo que para ella había sido transcendente, para él, no había sido nada más que un café a las seis de la tarde. Y pensó para si, la niña cojín, lo debía de haber intuido, si yo jamás había bebido café.

Déjame dormir hoy en tu cama, hace mucho frio y no tengo mantas






Suena Tuesday´s dead "Whoa, where do you go?, when you don´t want no one to know..." y giro, dejo caer mis hombros hacia atrás, los brazos colgando de mi sarcasmo, giro y todo el mundo se vuelve movimiento. La cabeza se tambalea y las ilusiones se me desprenden,
Me obligaron a ser mayor y yo no quería.

What´s my new plan

Frente a mi una hoja en blanco, en la que se lee:

Hoja en blanco.



Dicen que si obligas a un pez a vivir en una pecera redonda, se queda ciego, después de pasar por un periodo en el que se le cruzan los ojos. Dicen que es por que el pez no encuentra limites ni horizontes a los que asirse, por eso pierde toda noción de la distancia y la perspect iva. Perdiendo la vista total y quedando ciego a merced de las mareas internas de su mundo concavo e ilimitado.
El señor que esta sentado a mi lado, sorbe el café, respira fuertemente y ocupa una parte del asiento que no le corresponde. Yo, a su lado, mucho más pequeña, pienso que suerte tiene la gente que se sienta a mi lado, no hago ruido, ocupo menos espacio del que se me concede, paso desapercibida.

Me he quedado dormida y al despertarme uno de mis ojos no se abría, pensé que era el fín, que sin ser consciente había vivido encerrada en una bola de cristal, y ahora pagaría las consecuencia, el cosquilleo en mi pie izquierdo, me alertó que no estaba del todo despierta. El ojo se me había pegado por las legañas, acumuladas tras las lagrimas de la despedida, y el pie esta depertandose entre espasmos.

El señor me golpeaba en el hombro con su movimiento somnoliento. La duda eterna de despertar a un desconocido. Cerre los ojos de nuevo y volví a soñar.

Movimiento circular no aleatorio que te conduce de vuelta al punto de partida, que resulta ser el agónico despertar del letargo más extenso de tu existencia, y con los ojos negros por la emoción, mirarás de reojo aquello que se fue, y que regreso en movimiento circular no aleatorio, con la cara lavada, sin legañas y sonriendote como nunca antes. Sonriendote con la ilusión de un regalo que es abierto por la mano mínima de un nene.


Oh, Im bein followed by a moonshadow, moonshadow, moonshadow


Leapin and hoppin on a moonshadow, moonshadow, moonshadow


And if I ever lose my hands, lose my plough, lose my land,

Oh if I ever lose my hands, oh if....

I wont have to work no more.


And if I ever lose my eyes, if my colours all run dry,

Yes if I ever lose my eyes, oh if.... I wont have to cry no more.


And if I ever lose my legs, I wont moan, and I wont beg,

Yes if I ever lose my legs, oh if.... I wont have to walk no more.


And if I ever lose my mouth, all my teeth, north and south,

Yes if I ever lose my mouth, oh if.... I wont have to talk...

Did it take long to find me?

I asked the faithful light.

Did it take long to find me?

and are you gonna stay the night?


(Cat Stevens Moonshadow)

Sobre marcharse sin saludar



He dado dos pasos. Ahora los quiero desandar. Pero el camino se ha borrado.

He aplaudido una sola vez. Ahora lo quiero silenciar. Pero la mano se ha vuelto débil.

He mirado de reojo sin querer. Ahora quiero desmirar. Pero el ojo se ha dado vuelta.

Y reflexiono sobre el movimiento de mi culo al caminar, cuando me alejo hay una parte de mi que desconozco, que no controlo, que es la que se despide por mi. Cuando os doy la espalda, estáis ante una mujer de la que yo siempre me salgo sin saludar.

En el país de la opulencia






Las mujeres voluptuosas se pavonean ante los escaparates de ropa interior. Se miran, se revisan, inspeccionan cada centímetro de su anatomía externa. Se estudian las unas a las otras, miradas traicioneras. Y así caminan por una acera mal pavimentada, los adoquines se mueven, les mojan lo piés. Y esos altos tacones, no se puede caminar sobre tantos centímetros de incertidumbre.

Yo, con mi personalidad superdesarrollada, mi capacidad para pasar desapercibida y mis poderes sobrenaturales, que me otorgan el dón de que me importe un comino lo que pienses de mí. Las miro desde el otro lado, estoy sobre una acera, sobre la acera hay un banco, con una publicidad de dentífrico con sabor a pomelo, y sobre la acera, el banco y la publicidad estoy yo, con mi personalidad superdesarrollada.

Miro, ultimamente cuando lo hago, miro con intensidad, a los ojos, a los ojos de los que tienen ojos. Algunos me devuelven la mirada, otros la esquivan, lo popular es no darse cuenta. Pero cuando una chica como yo, con mi personalidad superdesarrollada, te mira, debería de haber una respuesta exagerada y fuera de lugar. Al contrario la mayoria pasa sus ojos sobre mi desinterés y como vinieron, se van. De eso se trata todo
"Uno viene para marcharse" (Juanita, 8 años)

Entonces dejo de mirar, y alguien exclama, mirame a los ojos cuando te estoy hablando.Las mujeres voluptuosas yo asi las denomino por lo exagerado de sus atuendos coloristas, se mueven por la vereda de enfrente de la calle que compartimos, al unisono, el repique de los tacones, simula el tamborileo previo a la batalla. Caminan y al pasar por cualquier superficie vertical que les devuelva su imagen en un reflejo, reducen su velocidad y se examina. Yo, con mi personalidad superdesarrollada, ni siquiera me reflejo. Como los vampiros. En las fotos si que salgo, eso lo he comprobado.

El asunto es que he decidido pasarme el dia mirando al otro lado de la calle. examinando a las mujeres voluptuosas, por que ayer me di cuenta que quiero ser como ellas. Y yo, con mi personalidad superdesarrollada, cuando tomo una decisión...

Es casi de día...












Viene la mañana despierta, y todo lo que tengo alrededor son paredes verticales, que encuentran fin en el cielo despejado. Muy arriba, muy, muy alto, estan las palabras que guardaba para ti. Volaron allí anoche, mientras dormía bajo muchas mantas, es frio el olvido, y soñaba con parajes planos, con horizontes firmes.

Escuchame Silencio que te estoy intentando contar un secreto, deja de tambalearte cuesta arriba, cuesta abajo. Permanente, las hojas perpetuas no cambian de color, establecida en la parte trasera de tu cabeza. No voy a moverme de aqui, no voy a cambiar de lugar.

En las frases hechas sigo, en los relatos sin sentido para el que no habita en mi. Intentaré ser expecifica, bajarme a lo concreto.

Entonces cuento la historia de una mujer que levanto un país con sus manos, un país mínimo que se reducía a la renuncia de su propio encuentro. Joven dejó de buscarse y se interno en el pantanal de la vida sin horas, y los ojos se le llenaron de trabajo, la espalda de hijos. Sonrio con dientes de oro, camino con pies de charol y su falda bamboleo por el adoquin historico. Una vez habló conmigo, y lo hizo como la madre, siete años más joven que yo, siete años más joven que cualquiera.

Y pienso en ella, la reflejo en mi, las aristas son diferentes, el acabado es diferente, los anclajes son diferentes. Es otra mujer hecha de todas, es una sola mujer que camina por todas.

El pensamiento se va de nuevo, las paredes verticales se estiran, suben, suben y me dejan con oidos cerrados y ojos tapados, la boca abierta buscando la distancia. No hay forma de separarse de una. No hay manera por muy lejos que vayas, o rapido te muevas, siempre te persigues a ti misma.

Solo quería pensar en ellas, solo quería pensar en ellas.


Sit in the desert of the bed I looked hard for an oasis
But all I could find was a dead camel in pieces
And I got so scared I tried to lure him back to bed
Whispered "stay just a little bit more"
But now I'm grateful to the camel
Because all the lazy boy could do was RUN, then I knew for sure
That he would never be the satisfying shag I needed, no no no.
(The do)

Creo que te estaba mirando fijamente







Y en las noches de los pensamientos débiles, cuando levanto la mirada para buscar el rastro casi perdido de tus caricias, cuando me muevo entre las sabanas de mis lamentos, implorando a mi intelecto una cierta dignidad.

No! deja de escribir, mira a otro lado, das vueltas en círculos, cual calesa. Si, afirmas, no encuentro palabras nuevas. Enfadada sales a pasear. Has estado hablando sola y ahora te parece una conversación real. Y recuerdas las palabras de la mandrágora:

Me has arrancado la tranquilidad de mi primera vida...me despertaba entre apacibles pensamientos...no veía nada malo, pues no tenia ojos.

Deambulas y ahí en ese mismo momento es cuando empiezan las decisiones inconexas. Siempre mismo ritual, elección del café equivocado, mesa mal ubicada, café con mal gusto, necesitas perder al menos tres horas, dejarlas ir para activar de nuevo tu sentido de supervivencia ante lo inútil.

Recurrente inutilidad, has querido jugar con ella. Inútil pensamiento que arrastra lo que ya no es. Inútil apego, que mina las esperanzas. Inútil tiempo que aniquila las ilusiones y persigue las pretensiones.

Dios que dramatismo!! exclamas... Lo he dicho en alto? Piensas...

Parece que si, por que ese hombre te esta mirando, no! de hecho levanta la mano y te saluda. Rubor implacable. Y ahora se levanta y camina hacia ti. Sopesas las opciones. Salir corriendo...No! demasiado tarde. Esconderte bajo la mesa...No! demasiado mayor.

Tienes que ser sincera le dirás que le estabas mirando demasiado fijamente, pero sin verle, que lo sientes mucho... que quieres estar sola...si se lo dirás.

Esta cada vez mas cerca, lo esperas atenta, dispuesta al ataque que le destrozara el animo... No! por que pasa de largo?, que rapidez, como? a donde va? te giras....

Evidente inutilidad la de las esperanzas, la cristalera tras de ti deja a la vista de cualquier ojo el resto del mundo, no estas sola, bueno quiero decir en el planeta... no te saludaba a ti.

Y vuelves a la mandrágora que anuncia

!Pero me vengaré!

Complicado vengarte de ti misma.


*Discurso de la mandragora, en Isabel de Egipto, de Achim von Armin

En la penumbra de mi mente




En la penumbra de mi mente hay tormentas, un huracán de arena que me nubla los ojos............

En la penumbra de mi mente hay sombras, manantiales de reproches que oscurecen mi mirada.............


Quince escalones, los había contado incontables veces, los había subido y bajado en innumerables ocasiones. Pero ahora no sabia muy bien por que la escalera de caracol, se le antojaba infinita, pesada. Quizás el tedio era lo que le pesaba sobre los hombros.

Comenzó a trepar con poco entusiasmo, y cuando hubo llegado arriba se dio cuenta que había olvidado a por que subía. Se sentó bajo el marco de la puerta e intento recordar. No conseguía averiguar que estaba haciendo antes de proponerse subir la escalera. Quizás si recordaba lo que estaba haciendo, podría adivinar a por que objeto había subido. Si no, pensó, también podría coger lo primero que se encontrara en su camino y descender por la escalera.

Un nuevo objeto, una nueva actividad. Lo que no quería era bajar con las manos vacías, y quedarse de nuevo al pie de la escalera.

Miro al techo, en la esquina superior había una telaraña, la araña no estaba, se movía por la brisa que corría en el hueco de la escalera. De pronto recordó... no lo que había venido a buscar... si no algo que un día le contaron.

Cada persona a lo largo de un año come mientras duerme ocho arañas.

Se estremeció.

Tener un amigo piletero






¿Cuanto puede durar una noche? ¿cuanto puede quedar contenido en ella?

Tengo las manos vacías.

Varias horas que se convirtieron en largas, las repasa, las rememora... una y otra vez, ahí están los detalles, ahí están los escalofríos. Y dura la noche una eternidad en la memoria, y contiene un universo en el recuerdo. Se hace más y más densa, hasta convertirse en la maraña, en la bola.

Parada junto a una farola, mirando hacia arriba, los mosquitos se agolpan, se pelean, por tocar la luz, y ella mira hacia el cielo, noche pegajosa, la humedad, el bochorno, se le pega la ropa. ¿Que se hace en las noches en la que dormir es imposible? No puede ser que todo el mundo mire mosquitos.

Reflexiona sobre lo paralelo de las personas, de los tiempos. Después comienza a caminar, la noche se hace mas espesa, y relajada mira las azoteas desde la vereda. Obvio no se ven los balcones desde su pequeñez, pero prefiere imaginar los recursos de los cielos abiertos de Buenos Aires, para cautivar a los que miran la luna, desde las terrazas poco iluminadas.

Y contando historias sobre individuos que no conoce, paso a paso avanza por la calle más inútil, más descascariilada. Dejando huella.

Solo tenía 17 años y no sabía fumar.



Juega a ser adulta, a moverse como una mujer, a mirar como una malvada que imnotiza. Pero solo juega, por que ella tiene 17 años y no sabe fumar, acerca el cigarrillo a sus labios sujetándolo demasiado abajo, nunca lo deja, no separa los dedos de la parte final del filtro.

Por fuerza absorbe el humo, lo detesta, pero se siente bella cuando fuma, se siente lánguida y distraida, la pose calculada. Esta noche esta intoxicada, se incorpora y baila dando vueltas, gira y suelta el humo, se sumerge en la nube, una nube que la envenena.

La humedad de la lengua desconocida la cautiva, de sorpresa, sin poder responder, ella asume, no puede evitarlo, lame y se mueve despacio, en el estrépito de la convulsión, en la que se haya envuelta y mira esos ojo calidoscópico que la atraviesa, que no la ve.

La humedad, la lengua blanda e inquisitiva la atrapa de nuevo, sabor a humo, a vino seco, a saliva caliente que le nutre los labios, le inunda los sentidos.
El músculo se le antoja animal entristecido, por la soledad del escondite, por la hipersensibilidad que lo convierte en adicto. Recuenta cada papila y resume el gusto disperso a lo efímero, ni el escalofrío volverá a su espalda, si no consigue retener una sola de las palpitaciones. Un paso hacia atrás y de nuevo esa mirada de pupilas que la ignoran, no la buscan. Se a dado cuenta de la dejadez del vistazo, y ha buscado huir.

La mano en la nuca que la empuja, no contiene, no puede contener y se esfuerza por no caer, por no resbalar con lo mohoso, no perder el equilibrio, y quedar tendida bajo esos ojos que la pasan de largo. El vapor la engulle, nublada como entre humo de cientos de cigarros

Asustada camina sobre esos tacones que le van grandes. Y busca entre la gente que agolpa ese lugar los ojos de su hermano, que se detienen sobre ella y le invitan a abrazarlo, y él la sostiene, y él la sujeta y se ríe en su oído.
Por que esta borracha, tiene diecisiete años, y no sabe fumar.

¿Como se llama?

No lo se ¿tienes un cigarrillo?


Los enamorados se miran de frente, caminan despacio, se besan de lado, inventan proezas, desatan pasiones, se tocan el pelo, se doblan. (Jairo) Ocupan el mundo, se acunan, se miman, los enamorados.