El habitante mediocre no creía en las consecuencias.

"Obviaba con un leve desdén cada advertencia. Así fue creciendo llamado a ser un lider mundial. El emperador de los mediocres en el reino de la normalidad incoherente." (Exodo 3, 10)






Conocí un lugar donde la brisa de las sonrisas movía los hilos que sujetaban las ilusiones. Los hacían vibrar, para forzarlas a reaccionar e intentar así hacer realidad los sueños de los hombres, de los tranquilos, de los de miradas alegres y por que no, de los insensatos que persiguen vientos pasajeros, que les susurraron al oído mentiras piadosas sobre la consecución de los anhelos.

Tragar saliva y salir a caminar. Hoy me he vestido con todas las prendas que me gustan de mi armario, las he puesto unas sobre otras y así con todo lo gustoso he salido a pasear, tres cuadras después de abandonar mi portal, me he encontrado con el sol, de golpe me ha calentado y he tenido que deshacerme de varias prendas, las voy guardando en una bolsa gigante que llevo siempre conmigo, es la bolsa de los objetos esperantes, de los artilugios ilusorios, no pesa demasiado.

He buscado dentro de mi bolsa las gafas de sol, las encontré al fondo a la derecha, las saqué de la caja protectora y me percaté de que uno de los cristales se había desprendido, la angustia me superó. Entonces medité unos segundos, decidí usar las gafas para protegerme del sol, pero cerraría el ojo descubierto, para que los rayos no pudieran fulminarlo.

Para la mayoría de personas, llevar un ojo guiñado un buen rato, es agotador, pero en este sentido yo pertenezco a la siguiente evolución y puedo cerrar mis ojos indistintamente, funcionan alternativamente. 

Caminé varias calles más allá y de pronto caí en la cuenta de que ya no recordaba para que había salido de casa. ¿Iría a comprar pan de molde? ¿Iría a alguna cita a ciegas? ¿Iría a alguna fiesta salvaje en la casa más desordenada de la ciudad? Cubrí mi boca entreabierta con tres de los dedos de mi mano derecha, las uñas rojas rebosaban saturación, ante mis labios ligeramente pálidos por la impresión.

Del susto, abrí instintivamente mi ojo descubierto, quedó aplastado por la cantidad de luz, la pupila reaccionó y se cerró dolorosamente, una punzada inconsolable. Me repuse y seguí caminando, mi ojo sano me indicaba el camino, mi ojo deslumbrado,  me deleitaba con un punto rojo gigante que se vaiveneaba con mi movimiento ondulatorio. 

Desesperada paré un taxi, me subí en la parte de atrás y mientras me sacaba las gafas, le pedí al señor taxista que me llevará lejos de allí, hasta donde empiezan las calles de casas nuevas de Madrid, tan altas, que nos dan sombra.

Sobre soñar o soñar de más



Todas las personas sueñan de una forma diferente e irrepetible. Todas, menos yo.


Los hombres de miradas alegres

Mi deseo era publicar algo de Cortazar, pero da la casualidad que ya esta todo publicado, por duplicado, compulsado y con sello de fecha valida. Aún así tengo que añadir estas lineas:

"A un señor le cortaron la cabeza, pero como después estalló una huelga y no pudieron enterrarlo, este señor tuvo que seguir viviendo sin cabeza y arreglárselas bien o mal." (Acefalia)




A veces pienso que si repito tu nombre infinitas veces, perderá sentido, se dará la vuelta. Y al pronunciarlo al revés ya no será importante, ya no retumbará en mi cabeza. 

Otras veces pienso que si repito tu nombre infinitas veces, un susurro conseguirá llegar hasta tu oído y por varios segundos extendidos en el tiempo pensarás en mi, me iluminarás con tu recuerdo y renaceré en la memoria ilimitada del que piensa en el otro y se mira a los ojos dibujados en una pared. 

A veces pienso que si ocupas el tamaño aproximado, que necesita mi razón para ser escuchada en mi cráneo, es por que repito tu nombre infinitas veces, y comienza a sonar como el transcurso natural de mis impulsos, y entonces te prohibo, censuro mi propio consciente, le amenazo con razonamientos extremadamente conservadores, con días largos de tedios desmesurados y lecturas amargas sobre temáticas bochornosas.  Por unos instantes me obedece, se pliega  y me deja libre, pero como buen inconsciente sigilosamente se vuelve a apoderar de mi y cuando me quiero dar cuenta de entre la fina linea que separa mi labios burdeos, sale un suspiro que gira en el aire y forma una sola palabra, Tu nombre.

Y acompañada del compás arrítmico de ese sonido que me persigue, atormentada por la total perdida de control sobre mi, recuento mis suplicas y busco con la mirada ese hueco negro en la pared que me permite descansar, con mis ojos cerrados. Y Duermo, y no sueño, no recuerdo, no entristezco, y sin tristeza no envejezco, para poder seguir siendo el ancla firme de ese hombre de mirada alegre, que se retuerce dentro de mi boca, y me nubla, y me niega

Cuando vives con ventana a un patio, oyes las discusiones, pero también escuchas las carcajadas.